Los grandes pasos que han llevado adelante la causa del hombre a lo largo de la historia han sido realizados por los hombres de genio que a menudo han anticipado ideas adelantadas que estaban por delante de su época. Es su obra lo que ha hecho progresar de forma significativa a la civilización.
L. Ronald Hubbard, el fundador de Dianética y Scientology, fue un hombre así. Filósofo, autor, educador, artista, marinero y explorador, L. Ronald Hubbard abordó la vida de formas que pocos personajes del siglo XX han igualado. Como aventurero en el Extremo Oriente durante la década de los 20, ya había viajado más de cuatrocientos mil kilómetros antes de cumplir los 19 años. Como escritor popular en la década de los 30, ayudó a redefinir la ficción especulativa.
También fue un piloto consumado, un célebre fotógrafo, un horticultor de renombre internacional y mucho más. De hecho, a pesar de los conceptos populares erróneos de fundadores religiosos como personajes remotos y contemplativos, L. Ronald Hubbard fue precisamente el tipo de hombre que habría fundado una religión que abarca toda la vida.
El conjunto de su obra sobre Dianética y Scientology es la culminación de más de medio siglo de investigación y consta de decenas de millones de palabras. Sus escritos y conferencias también tratan temas tan diversos como la rehabilitación de las drogas, la educación, el matrimonio y la familia, la administración, el arte y muchos otros aspectos de la vida.
Los escritos y las conferencias del Sr. Hubbard acerca del espíritu humano constituyen la Escritura de la religión de Scientology. Este cuerpo de conocimiento es una filosofía religiosa aplicada que ofrece una ruta a la libertad espiritual.
Cuando se retiró de esta vida el 24 de enero de 1986, el Sr. Hubbard había visto cómo la amplia aplicación de su trabajo se había expandido a todos los continentes como la piedra angular espiritual para millones de personas. Como única fuente de las Escrituras, no tiene sucesor. Se le recuerda no como un personaje a ser idolatrado o adorado, sino como un gran filántropo y filósofo cuyo legado es la tecnología de la mente y del espíritu
que dejó tras de sí.
Aunque una vez comentó: "Yo fui la parte menos importante de mi proyecto", los detalles de su vida proporcionan, sin embargo, cierta comprensión de la tradición de Scientology.
Hijo del comandante naval de los Estados Unidos Harry Ross Hubbard y de Ledora May Hubbard, L. Ronald Hubbard nació el 13 de marzo de 1911 en Tilden, Nebraska. Poco después, la familia Hubbard se mudó a Helena, la capital del estado de Montana. Ahí el joven Ronald Hubbard vivió lo que posteriormente describiría como una existencia típica del Salvaje Oeste con sus actitudes de "jugarse el todo por el todo, su humor desdeñosamente irónico, sus bromas de vaqueros y el no darle importancia a lo peor ni a lo más peligroso".
Al mismo tiempo, bajo la enseñanza y dirección de su madre, pronto se encontró muy avanzado en la lectura. Lo que también llegó a ser una influencia significativa en su vida más adelante fue su extraordinaria amistad con los indígenas Pies Negros, y sobre todo con un hechicero de la tribu, quien al final honró a Ronald con la singular categoría de hermano de sangre cuando éste tenía apenas 6 años.
El siguiente hito en su progreso llegó en 1923 cuando su padre fue trasladado a una base naval en Seattle, Washington, y su familia entabló amistad con el oficial del cuerpo médico naval, Joseph C. Thompson, el primer oficial naval de los Estados Unidos que estudió con Sigmund Freud en Viena. Aunque en ese momento apenas tenía 12 años, en poco tiempo el joven Sr. Hubbard quedó intrigado y estudió informalmente la teoría de Freud con el comandante por muchos meses. Fue también de 1923 a 1924 cuando se unió a los Boy Scouts de América y en marzo de 1924 llegó a ser el Scout Águila (el rango más alto que se puede lograr en los Boy Scouts) más joven de la nación.
Cuando trasladaron a su padre al puesto naval de los Estados Unidos en la isla de Guam en 1927, el Sr. Hubbard inició un período de viajes que consumiría algunos de los años siguientes. Esto incluyó viajes que se extendieron por todo el Pacífico Sur y el mar de la China Meridional como sobrecargo a bordo de una goleta mercante, y viajando a través de una China que todavía era remota. Sus aventuras fueron muchas y exóticas, y llegó a ser uno de los primeros americanos que tuvieran acceso a las legendarias lamaserías tibetanas en las colinas occidentales de China.

